Discurso del Vicepresidente Angelino Garzón en la instalación del Fórum Internacional sobre Migración y Paz
Bogotá, 1 sep. 2010
SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS
"Quiero agradecer en nombre del Gobierno Nacional, y de manera especial del Presidente Juan Manuel Santos Calderón, la invitación que me formulara la Alcaldía Mayor de Bogotá, en cabeza del Señor Alcalde Samuel Moreno, para asistir a la instalación de este evento sobre Migraciones y Paz. El propósito de mi asistencia es reafirmar el compromiso del Gobierno colombiano, tal y como lo ha venido haciendo la Cancillería en la organización del evento, no solamente con la realización de este Seminario sino también con las conclusiones del mismo.
Quisiera Señor Alcalde que, una vez concluido el Seminario, pudiéramos desde la Vicepresidencia de la República desarrollar un trabajo conjunto en lo que corresponde a Colombia para lograr que este tema cada día sea más sensible dentro de la comunidad internacional.
En el caso particular de Colombia, tenemos bien diferenciadas dos clases de migraciones: la migración interna y la migración externa.
La Migración interna está muy afectada por dos razones fundamentales: razones de necesidades económicas y sociales y también por la irracional violencia que desde hace más de 50 años vive internamente nuestro país. Hoy hay entre población desplazada y otras víctimas de la violencia cerca de 3.600.000 personas y hay que sumarle una población alta de migraciones internas por razones económicas y sociales.
Esto significa, y es propósito de nuestro Gobierno que acaba de empezar el pasado 7 de Agosto, que se debe desarrollar conjuntamente con los gobiernos locales y regionales, con los diferentes sectores de la sociedad civil, incluyendo los sectores empresariales, una política de disminuir el desempleo y nos hemos propuesto llevar el desempleo a un dígito. Un esfuerzo grande que tenemos que hacer. Igualmente disminuir los niveles de pobreza y miseria.
Tal como lo han dicho aquí varios conferencistas, América Latina es uno de los continentes con los mayores índices de inequidad social y obviamente ahí está incluida Colombia. Somos plenamente conscientes de esta situación y por ello queremos aportar dentro del cumplimiento de las Metas del Milenio, pero también dentro del derecho legítimo de los seres humanos a vivir mejor, hacer un esfuerzo muy grande con los Gobiernos y con los sectores de la sociedad para disminuir niveles de pobreza y de miseria.
Quisiéramos que al final de nuestros cuatro años de Gobierno, Colombia fuera uno de los cinco países de América Latina donde más se haya avanzado en materia de equidad social y de disminución de pobreza y miseria.
Pobreza y miseria son contrarios a la democracia, pobreza y miseria son contrarios a la convivencia ciudadana y pobreza y miseria son contrarios a un espíritu de paz. Pero igualmente, dentro de esto de la migración interna, también somos conscientes de las víctimas de la violencia.
El Estado colombiano ha iniciado un proceso de reparación, pero queremos dar un salto importante y consolidar un proceso de avance; estamos prácticamente finalizando un proyecto de ley, en concertación con todos los sectores políticos, que nos permita encontrar una ruta muy sólida para reparar a las víctimas de la violencia incluyendo, en el caso particular de Colombia, la restitución de tierras.
Todas aquellas tierras que le han sido confiscadas a los victimarios, a integrantes de grupos armados ilegales, llámense narcotráfico, paramilitares, grupos insurgentes, bandas criminales y guerrillas deben volver a sus legítimos dueños. Por eso, paralelo a la Ley de Reparación de Víctimas, estamos presentando una Ley de restitución de tierras.
Ahí vamos de la mano con organizaciones internacionales como la Organización Internacional para las Migraciones y nuestro objetivo lo hemos resumido así: El Estado colombiano tiene que ser mucho más solidario, más humano, más sensible con las víctimas y más duro con los victimarios. Creemos que, con esas dos políticas, podremos avanzar enormemente y en una ciudad como Bogotá mostrar que cumplimos con la deuda social y con la población migrante.
El otro tipo de migración: la migración externa.
Colombia tiene hoy más de 3 millones de colombianos viviendo en el exterior, cerca del 70% son ciudadanos acreditados en los países, pero el 30% o 40% restante está en condiciones de ilegalidad. Creo que podemos avanzar en este tema con la comunidad internacional. Se tienen que desarrollar convenios de cooperación con los diferentes países, convenios que permitan proteger no solamente a los colombianos residentes en otros países sino también a ciudadanos extranjeros que han tenido que emigrar a nuestro país por diferentes razones.
Algunas experiencias tenemos: Tenemos un Convenio de cooperación en materia de seguridad social con España. Tres años atrás en Santiago de Chile se aprobó un convenio que no se ha desarrollado. Y hay otros esfuerzos que estamos haciendo por mejorar y fortalecer las relaciones con los países vecinos. Hoy, por ejemplo, está nuestro Presidente en Brasil. Lo hemos hecho recientemente con Venezuela y con Ecuador, la idea es siempre suscribir convenios a favor de los colombianos que viven en otros países y también a favor de los extranjeros que viven en nuestro país.
Colombia es ejemplo de respeto a la población migrante de otros países. Es siempre muy importante mantener este respeto.
Desafortunadamente, y duele decirlo, hoy tenemos expresiones que son violación a los Derechos Humanos: xenofobia, discriminación de mujeres y niños, discriminación a minorías étnicas, discriminación por razones religiosas.
Creo que el Gobierno de Colombia tiene que contribuir a una agenda en el marco de las Naciones Unidas para que se ponga fin a tanta discriminación, a tanta xenofobia, a tantos hechos violentos contra los migrantes y a tanta violación de los Derechos Humanos.
De nuestra parte vamos a hacer todos los esfuerzos incluyendo los temas en el marco de los tratados de libre comercio e imponiendo los temas de respeto por los Derechos Laborales, los Derechos Humanos y los Derechos Ambientales.
Los escenarios de paz en los que tanto ha insistido la Iglesia Católica son fundamentales.
En el caso particular de Colombia creemos que tenemos que encontrar caminos que nos permitan superar esta violencia que tantos años lleva afectándonos.
Nuestra responsabilidad constitucional es perseguir grupos armados ilegales, llámense guerrilla, paramilitares o grupos de narcotráfico, pero igualmente somos conscientes de la necesidad de encontrar con ellos un camino de paz, de perdón y reconciliación que nos permita superar la violencia y llegar al perdón y a la reconciliación.
Las puertas de la paz no están cerradas, mantenemos estas puertas abiertas. En el caso particular de la guerrilla lo único que le estamos planteando es que liberen sin condiciones a todos los secuestrados, que dejen la práctica del secuestro, que dejen la práctica de las minas antipersona que tanto daño hacen a nuestros campesinos e indígenas y a nuestros soldados y policías, que dejen en libertad a nuestros niños que han reclutado y que los propios guerrilleros sean capaces de decir “esta violencia no tiene sentido”.
Si tienen esas expresiones,el Gobierno tendrá toda la voluntad para construir acuerdos de paz y para construir procesos de reconciliación. Allí valoramos la ayuda que nos pueda prestar la Iglesia Católica y la comunidad internacional.
Somos un Estado que contribuye al fortalecimiento de la sociedad civil y un Estado respetuoso de las diferentes expresiones políticas.
En este propósito debemos trabajar en la cultura de desarmar la palabra, que con la palabra no terminemos haciendo más daño, y en ese propósito queremos construir un diálogo tranquilo y sereno con todos los sectores de la sociedad civil y al final lo que queremos todos es estar siempre tras el norte de tener un país mejor, donde primero son los seres humanos, empezando por los niños y las niñas.
Muchas gracias".