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SALA DE PRENSA VICEPRESIDENCIA
Marzo 2009

Intervención del vicepresidente de Colombia, doctor Francisco Santos Calderón, lanzamiento de la Segunda Conferencia de Revisión de la Convención de Ottawa

Lanzamiento de la Segunda Conferencia de Revisión de la
CONVENCIÓN DE OTTAWA

CUMBRE DE CARTAGENA DE INDIAS
Noviembre 30 – Diciembre 4, 2009

Ginebra, 2 de Marzo de 2009

Para nuestra delegación y para Colombia es un honor participar en esta celebración.

Colombia se postuló como sede de la segunda conferencia de revisión de la convención de Ottawa para mostrar al mundo la problemática de los devastadores efectos de las minas antipersonal en el país y nuestro compromiso con la erradicación total de estos artefactos. Con esto, buscamos prevenir la amenaza para más comunidades afectadas y crear conciencia sobre la necesaria atención a las víctimas de las acciones deplorables y terroristas de las Farc y el Eln, al ser los principales responsables de la siembra de estas armas en nuestro país.

Que esta cumbre de Cartagena de Indias sea una oportunidad para renovar, profundizar y ampliar los compromisos y voluntades de países, organizaciones internacionales y organizaciones de la sociedad civil con la erradicación definitiva de este flagelo. Una oportunidad abierta y transparente para evaluar los logros de diez años de trabajo y para aceptar errores y fracasos, como única manera de corregir el rumbo. Una oportunidad sincera y franca para condenar, sin vacilaciones y sin ningún tipo de consideración o justificación, sin ninguna posición permisiva o tolerante, a los grupos terroristas que utilizan las minas dentro de sus tácticas de destrucción, afectando el libre movimiento y la vida de las poblaciones más vulnerables del país y de los demás países afectados.

Cada víctima nos horroriza. En días recientes, Colombia y el mundo conocieron sobre la masacre de 8 indígenas awa perpetrada por las Farc. No olvidemos que en este mismo territorio las Farc han sembrado minas que han cobrado la vida de por lo menos 13 indígenas desde el 2007. en esta misma región, desde el 2005, 46 militares han perdido la vida y 83 han sido mutilados por la acción de las minas antipersonal cuando cumplían su labor de protección a la comunidad awa. Estos hechos son inaceptables y merecen el rechazo y la condena de todos.

En Colombia, el 90% de las minas antipersonal son sembradas por las Farc. Entre 1990 y 2008, 7.451 colombianos fueron víctimas de minas antipersonal, dentro de los que se cuentan 372 mujeres y 722 niños. La siembra perversa de las minas ha obstaculizado posibilidades de desarrollo social y económico de muchas comunidades en Colombia y limitado el ejercicio de derechos fundamentales como la vida, la movilidad y el desarrollo económico. En Colombia, las minas antipersonal causan desplazamiento forzado y perjudican la calidad de vida, en especial de las poblaciones rurales del país.

Colombia suscribió la convención tan pronto quedó abierta para la firma el 3 de diciembre de 1997, y la ratificó el 6 de septiembre del 2000. A partir de ese momento, la fuerza pública suspendió definitivamente el uso de estos artefactos e inicio el proceso de destrucción del arsenal almacenado. Este proceso culminó el 26 de octubre de 2004, antes del plazo de 5 años establecido en la convención. lo anterior muestra el compromiso del gobierno nacional y sus instituciones por respetar sus obligaciones internacionales y por defender la vida y el bienestar de los colombianos.

En efecto, el Estado colombiano, impulsado por el deseo de disminuir los efectos indiscriminados de las minas antipersonal, y decidido a devolverle la paz y la tranquilidad a las comunidades afectadas, ha trabajado arduamente por contener la contaminación por estas armas y por garantizar un proceso de rehabilitación e inclusión efectivo para todos los sobrevivientes. También, hemos impulsado una estrategia amplia de prevención, mediante la cual buscamos llegar a las comunidades más afectadas del país, a través de la difusión de mensajes de protección y de educación en el riesgo de minas.

La Segunda Conferencia de Revisión del Tratado de Ottawa que se llevará a cabo en Cartagena de Indias del 30 de noviembre al 4 de diciembre del presente año deberá reflexionar sobre el alcance, la validez y la permanencia de los compromisos adquiridos hace 10 años con su entrada en vigencia el 1º de marzo de 1999. Deberá, claramente, ser contundente en cuanto a su cumplimiento y respeto por parte de todos. Y, desde hoy hasta su inicio, tendremos que reflexionar profundamente sobre los alcances y limitaciones de este tratado.

Considero que los Estados parte, las organizaciones intergubernamentales y la sociedad civil en general han intentado, dentro de sus posibilidades, cumplir a cabalidad con los compromisos de la convención; sin embargo, nos debemos preguntar cuál es la problemática que abordamos hoy en día y, sobre esa base, estructurar un plan de acción que sea asertivo y que responda a las necesidades de la sociedad actual.

Hace cinco años, en la Cumbre de Nairobi, los Estados parte analizaron el estado de avance de la convención y formularon un plan de respuesta a la situación de afectación por minas antipersonal en el mundo. Este plan, conocido como el “Plan de Nairobi”, estableció un conjunto de líneas de acción en todas las temáticas de la acción contra minas, al tiempo que estableció un primer sendero de respuesta para los miles de afectados en todo el mundo.

En este contexto, la Cumbre de Cartagena de Indias constituye una oportunidad para validar y pensar nuevamente los criterios orientadores de la acción contra minas, de manera que se ajusten a las realidades y necesidades de una nueva generación de afectados por el uso irracional y deplorable de estos artefactos.

La naturaleza de las minas antipersonal y de los artefactos explosivos improvisados nos obliga, hoy más que nunca, a renovar los compromisos de la convención. En nuestra época, el mundo enfrenta una crisis económica y financiera compleja, por lo que es preciso hacer un llamado a toda la comunidad internacional, a los Estados parte de la Convención de Ottawa y al Sistema de Naciones Unidas, para que la problemática de las minas antipersonal en todos los países afectados cuente con la asistencia técnica y financiera que requiere para avanzar decididamente en la superación de sus peores consecuencias y en los daños que se generan sobre comunidades y territorios afectados. Este es un desafío enorme para el futuro desarrollo de la convención.

Colombia, en su calidad de país con un problema de minas vivo y que produce, año a año, el mayor número de víctimas, espera mantener y ampliar el compromiso de la comunidad internacional. Es, claramente, la única forma de culminar con todo éxito muchos de los procesos y acciones para la solución de la compleja problemática que el país afronta, y cuyos desarrollos no hubiesen sido posibles sin el compromiso de los países donantes y las diversas agencias que se han comprometido con la acción integral contra las minas antipersonal en el país.

Cartagena es, también, una oportunidad para hacer un contundente llamado a los estados no parte de la convención para que se comprometan a la destrucción de sus arsenales, a la no producción y transferencia, y al no uso de estas armas inhumanas.

Quiero entonces, aprovechar la oportunidad para invitarlos a Cartagena, abrirles las puertas de Colombia a todos ustedes, para que juntos trabajemos en un espacio donde las reflexiones de todo el año, se traduzcan en acciones concretas y rotundas, que busquen liberar al mundo entero de este flagelo, para que no haya más víctimas en ningún lugar y para reivindicar los derechos de las víctimas y sobrevivientes.
Cartagena tiene que ser, para Colombia y para el mundo, un paso renovado, comprometido y decisivo hacia un mundo libre de minas.

Muchas gracias,

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