RETOS Y DEBERES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION EN TIEMPOS DE CRISIS Y CONFLICTO
Intervención del Señor Vicepresidente de la República doctor Francisco Santos Calderón en la instalación del XII Congreso Colombiano de publicidad
Cartagena octubre 2 de 2002
Hace pocos días tuve la suerte de participar en un pequeño gran evento, cerca de aquí, en Aracataca, el legendario pueblo en donde nació Gabriel García Márquez.
Era una pública rendición de cuentas de Efraín García el alcalde de ese municipio que logró una hazaña descomunal, casi imposible en cualquier gobierno de nuestro país: poner la casa en orden. Con visión, fortaleza y voluntad política redujo la nómina de empleados de 500 a sólo 8. Y con las finanzas saneadas puso los recursos al servicio de los grandes intereses de la gente: desatrasó el pago de maestros, el pago de pensiones y reinició inversión en obras para la comunidad ante la cual estaba presentando resultados en esa reunión. Pidió disculpas a sus electores, a sus ciudadanos por no haber realizado las obras a las que se había comprometido. Sin embargo la comunidad no lo recriminó. Al contrario ciudadano tras ciudadano que pasaba al micrófono le agradeció defender el futuro de su ciudad, de su comunidad.
Ahí estaba, en vivo y en directo, un gran héroe desconocido.
Les cuento la anécdota porque creo que la historia antigua y sobre todo la actual de nuestro país está llena de héroes de todas las edades y todos los grupos que conforman nuestra sociedad, que son quienes finalmente, contra todas las adversidades del destino y las trampas de la burocracia, contra la violencia y la guerra, hacen posible que las cosas fundamentales del país funcionen. A ellos pertenecen logros tan destacables como que en medio del conflicto que vivimos aún tengamos democracia. O que la economía, a pesar del empobrecimiento de los últimos años conserve sus posibilidades de crecer y por ende que en medio de la grave crisis del sub continente nuestro país pueda honrar sus compromisos con la banca internacional.
No es sin embargo gente que aparezca con frecuencia ni con la importancia que mereciera en nuestros medios de comunicación. Son la excepción que raramente aparece reconocida como lo merecen.
Yo provengo de ahí. Y desde luego tengo un elevado concepto acerca de nuestros medios y de nuestras empresas periodísticas. En una economía pequeña como la nuestra, en un país con índices de alfabetización y hábitos culturales todavía en construcción, como es el nuestro, el crecimiento y la consolidación de las empresas de comunicación constituye un gran logro. Tenemos medios de comunicación al día en tecnología. Por eso sus grandes desafíos no son materiales sino intelectuales y conceptuales que están conectados con su responsabilidad ante el presente y el futuro inmediato del país. ¿Cuál debe ser, por ejemplo, el rol y la responsabilidad de nuestros medios frente al conflicto? Frente a las desigualdades entre pobres y ricos o entre hombres y mujeres que caracterizan a nuestra sociedad. Frente a la pobreza o frente a la acumulación y concentración de la riqueza. Al pluralismo o al alcance del debate democrático. Qué tanto trabajamos para introducir a la gente en el debate sobre nuestro futuro común, sobre la apropiación y defensa de lo que nos pertenece, o sobre la protección de los derechos humanos, incluyendo la libertad de expresión.
Contrariando la inmerecida fama de que este evento es ante todo una formidable bebeta de colegas y compinches, yo voy a dedicar unos pocos minutos a formular unas breves reflexiones, positivas y amistosas, acerca del rol y las responsabilidades que encuentro prioritarias de los medios en épocas de crisis y de conflicto.
La primera la resumo en una pregunta: ¿puede la gente común de la Colombia de hoy conocer e interpretar la difícil realidad de nuestro país y más aún, participar en un debate abierto y plural sobre el futuro colectivo, con base en los contenidos que reciben a través de los medios?
Pienso que ya va siendo hora de que evaluemos cuál es el impacto cultural y educativo que tiene para las actuales y futuras generaciones, el mundo melodramático que predomina en nuestra televisión. Y que, con cargo a las complejidades del presente, pensemos si no sería conveniente recuperar el respeto por géneros distintos a las telenovelas: documentales, programas periodísticos, informes. Explicar la compleja realidad que afrontan día a día los colombianos requiere de un esfuerzo descomunal de espacio o de tiempo, de trabajo intelectual y de reportería que desafortunadamente hoy poco se ve. Si hay excepciones. Si hay momentos. Pero como el héroe anónimo el esfuerzo es esporádico.
En tiempos de crisis y de dificultades los medios de comunicación no pueden ser molederos de tragedias humanas, de violencia absurda de unas minorías que no necesitan más exposición. Por eso al mismo tiempo que reconocer y alabar los progresos en la calidad de producción nuestra radio, nuestra televisión y nuestros periódicos, me parece que tenemos que ponernos de acuerdo en que enfrentamos graves amenazas y problemas que en todas las circunstancias deben prevalecer sobre los intereses particulares y comerciales.
También creo que todos los colombianos, incluidos desde luego los medios de comunicación, tenemos grandes obligaciones con la democracia. Comparto con Enrique Peñalosa y Antanas Mockus la urgencia de no minimizar ni evadir el deber de defender lo que nos pertenece. En la defensa del sistema democrático, la soberanía nacional, la unidad territorial y los derechos fundamentales de los colombianos, nadie, incluidos los periodistas, directivos y propietarios de los medios, debe ni puede ser neutral.
No deja de sorprenderme todos los días, como los medios al seleccionar las noticias privilegian la deslegitimación de las instituciones. De ninguna manera quiero decir con ello que se oculte la realidad. Pero pregunto si lo que hoy muestran los medios es esa realidad o es un pedazo que pretende vender más y deja de lado ese otro país bueno, fuerte, solidario que mantiene las instituciones.
Los medios deben ser más solidarios con nuestra democracia y con los esfuerzos que hacen los gobiernos y la Fuerza Pública por protegernos a todos. Los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y de Policía entregan todos los días su vida por defendernos a todos. Por eso no comprendo como los logros de nuestra Policia, nuestro Ejército, si nuestro pues lo debemos sentir así, de nuestra Fac y nuestra Armada no se resaltan, no se exaltan y muchas veces no se cuentan. Si es un acto terrorista, una toma o una pesca milagrosa el titular no se deja esperar. Si se evita una toma, un acto terrorista o una pesca milagrosa hay que hacer milagros para encontrar la información. El país aún no se percata de que el secuestrador más importante de las FARC, el que tenía asolado a Bogotá con este delito y con extorsiones cayó en un operativo militar. O que se han rescatado decenas de colombianos que secuestrados en las carreteras en pocos minutos regresaron a sus hogares.
El enemigo es otro y a veces parece que no queda claro. No queremos propaganda ni elogios innecesarios. Donde exista el error hay que denunciarlo. Donde haya corrupción hay que destaparlo. Pero no podemos solo quedarnos ahí pues la máxima periodística de que no es noticia cuando un perro muerde a un hombre pero si es lo contrario en nuestra situación lo complejo es que los medios ya no distinguen entre el perro y el hombre.
Estamos en un congreso de publicidad. Y si le quiero dejar una pregunta a todos ustedes los expertos en el tema. ¿Cuál es la publicidad que de Colombia hacen hoy los medios? La respuesta para mi es desalentadora.
Ahí aparece otro gran desafío para los medios y para los periodistas: en épocas de confrontación y de conflictos, de corrupción rampante y de debilidad institucional, abundan los individuos y los sectores interesados en manipular la información para favorecer a uno de los bandos en conflicto. Y no hay nada más nocivo para la credibilidad del medio, para la independencia y solvencia moral de los periodistas que hacerle el juego a quienes se encuentran envueltos en el conflicto.
La prensa y los periodistas deben estar siempre a la defensiva contra las manipulaciones, y deben actuar siempre en favor del ciudadano, de la democracia y aferrados a la verdad.
Abundan por estos días comentarios y especulaciones acerca de si como parte de las medidas de excepción, o de su agenda presente o futura el Gobierno quiere o busca cerrar espacios a la libertad de prensa. Yo quiero reiterar en este escenario nuestro apego irrenunciable al mandato del artículo 20 de la Constitución nacional: NO HABRÁ CENSURA. Pero sí nos interesan positivamente los debates que los propios periodistas y medios adelanten para aprender de los errores y para asumir la enorme responsabilidad que representa informar en medio del conflicto.
Medios de comunicación más vinculados a la promoción educativa y cultural de nuestras gentes. A ser intérpretes confiables para las mayorías de las tramas complejas de nuestra realidad. Que busquen, trabajen, ponderen y masifiquen el valor y la importancia de las hazañas y los logros de esos héroes anónimos de que hablábamos ahora que son los protagonistas del progreso del país. Que sin incurrir en la propaganda ni en la manipulación estimulen el optimismo y contribuyan a reconstruir la autoestima colectiva de nuestro pueblo.
Esto unido a un periodismo más crítico y pluralista, puede aportar un entorno que haría más fácil y posible para el Gobierno y para la sociedad un cambio profundo en nuestra dura realidad de hoy.
Quiero felicitarlos por este excelente ejercicio de reflexión acerca de las técnicas y contenidos de la publicidad que ustedes comienzan hoy. Expresarles el reconocimiento del Gobierno por la excelente labor que realizan sus empresas en bien de la economía de nuestro país. Y nuestra disposición a colaborar en lo que esté a nuestro alcance para resolver algunas de las dificultades que enfrentan en esta coyuntura y al mismo tiempo queremos invitarlos a seguir trabajando con más optimismo y decisión que nunca por la reconstrucción política, económica y social de Colombia |