Palabras Vicepresidente de la República, Francisco Santos Calderón, en la IV Asamblea de la Fundación Nuevo Arcoiris.
Bogotá, enero 2 de 2006
Quiero ante todo agradecer a la Fundación Nuevo Arcoiris, en nombre del Gobierno colombiano y de todos los colombianos, a Leon y Antonio que con tanto tesón han empujado a esta organización que ha sido un modelo en reinserción política, social y civil, y que abrieron una trocha muy interesante de la cual obviamente hemos aprendido y que tenemos que seguir aprendiendo.
Ellos han demostrado que este país es generoso y abierto cuando se le juega con transparencia; y que está abierto a procesos de reconciliación como se ha demostrado con experiencias anteriores.
Cuando miramos la historia de los procesos de paz en Colombia se debe mirar en primera medida el contexto en las que estas se dieron, posteriormente la historia de su desarrollo. En este sentido es importante resaltar cómo durante estos últimos 15 años han evolucionado los Derechos Humanos, la visión que de estos hay en el mundo y cómo los procesos de hoy deben ser distintos a los de hace 10, 12 y 15 años.
Recuerdo la primera vez que supe del proceso de la Corriente de Renovación Socialista en el apartamento de Eduardo Pizarro, cuando apenas había unas conversaciones exploratorias y me hablaron de esa corriente que yo para ese entonces no conocía. En ese momento empecé a aprender sobre la importancia de este proceso.
Posteriormente viene todo el proceso de desmovilización y con él la honrosa y valiente apuesta que hicieron estos líderes a la paz.
Esa decisión no es fácil, incluso es mucho más valiente dar ese paso que dar el otro, el la guerra. Esta apuesta a la civilidad, este modelo de reinserción que hoy celebramos, es algo a destacar porque sin duda ha hecho parte de la construcción de la democracia, y porque han contribuido a construir esa Colombia que poco a poco se abre paso en medio de tantas dificultades, en dirección a la paz.
Cuando se hicieron los procesos de paz a finales de los ochenta y los noventa, estos estaban inmersos en realidades distintas. El narcotráfico por ejemplo no había permeado tanto el conflicto, los ideales de muchos de estos grupos estaban intactos, la democracia colombiana tenia campo para abrirse muchísimo más y es en ese contexto en el que se dan esos procesos que sin duda contribuyeron enormemente a la ampliación de la democracia colombiana.
Hoy esos procesos tienen que ser distintos, con una justicia penal internacionalizada, con crímenes de guerra y de lesa humanidad que ya no son admitidos como para considerar un indulto o amnistía. Estos procesos de paz se dan en un ambiente legal, político internacional totalmente distinto y sobre eso los hago un recuento de la historia de la ley de Justicia y Paz.
Cuando se presentó el primer borrador, que era más de justicia restaurativa que transicional, donde se planteaba una pena alternativa, fuimos a discutirla a un seminario en Bruselas organizado por ¿? Y presentamos este modelo. Ellos llevaron tres expertos y frente a este primer borrador, que era muy distinto a la ley que actualmente existe, hicieron dos recomendaciones.
Una la cumplimos y la otra no. L primera recomendación que ellos nos hicieron fue cuidar participación de la comunidad internacional, porque según ellos los procesos tiene que ser autóctonos, porque para llegar a la paz uno tiene que generar esos mecanismos que logren el objetivo supremo que es el de la paz.
Esa recomendación el Gobierno no la acepto, y se generaron debates que enriquecieron de manera tremenda la ley, que estoy seguro que en 10 o 15 años van a mirar hacia tras y van a ver que fue una ley que abrió un camino novedoso e interesante en lo que la aplicación de la ley Justicia y la Paz se refiere.
La segunda recomendación que ellos hicieron y que estuvimos muy cerca de no considerarla era el componente de reconciliación.
Me acuerdo que durante casi año y medio se hablaba del debate de la pena, pero la palabra de reconciliación no aparecía por ninguna parte. Ni siquiera se mencionaba, y de mi posición como espectador un poco pasivo, surge mi discurso en Cali, el discurso que ya ustedes conocen.
De esa gran preocupación es que nos metimos a crear esta Comisión de Reparación y Reconciliación, que creo, es el elemento más novedoso y el que más va a perdurar en este momento de conflicto que estamos viviendo y también el de posconflicto.
Creo que este sendero ha sido y será fundamental porque si algo nos faltó en los anteriores procesos de paz fue esa reconciliación. No se genero ese elemento fundamental en las regiones y la violencia copo esos espacios nuevamente a una velocidad alarmante; y la responsabilidad de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación va a ser esa, que no se copen esos espacios y reconstruir tejido social destruido por la violencia.
De todas maneras cabe considerar, y en especial con el proceso de paz con las Autodefensas, que ningún proceso de paz es perfecto, pero si miramos dónde estábamos y dónde vamos, el hecho de quitarle más de 16.000 hombres a la guerra es algo absolutamente vital y fundamental para lograr profundizar la democracia y para transformar un problema que es eminentemente militar en un problema que es totalmente distinto, de tipo policial.
El desrame de los 5.000 desmovilizados que se avecina, puede dejar unos vacíos que si el Estado no la llena, las Farc los va a copar. Para ellos es una oportunidad inmensa de recuperar un control territorial en muchas regiones que antes había perdido, y el gran reto para nosotros como Estado es recuperar ese espacio.
El desarme y desmovilización de estos hombres es el comienzo del desmonte del fenómeno paramilitar en Colombia.
Las leyes no hacen la paz, son los hombres, es la voluntad, la persistencia, el Estado fuerte que llena esos espacios y que impide que vuelvan a la guerra como sucedió en procesos anteriores.
La garantía del desmonte del paramilitarísmo es la garantía que da el Estado de proteger a los ciudadanos de esos espacios; que responde por los derechos y por que la lucha política tenga las posibilidades que se dieron en el año 2003, en el cual se dieron hechos importantes en la política colombiana como el acceso al poder. Y ejemplo de ello esta Bogotá con Lucho Garzón, en el Valle Angelino y en Medellín con Sergio Fajardo.
No existe varita mágica para estos procesos, hay que construirlos, cuidarlos y rectificarlos cuando es necesario. Pero su éxito parte del reconocimiento de un fracaso colectivo ya que todos somos responsables de este fenómeno. El Estado al no proteger a las comunidades y al dejarlas inermes, la guerrilla al entrar a atropellar y a cometer unos abusos y desastres humanos, y obviamente los paramilitares al hacer una fuerza contrainsurgente y cometer esos mismos abusos contra las poblaciones que supuestamente decían iban a proteger.
Este reconocimiento colectivo nos tiene que llevar a entender que la paz hay que construirla entre todos, que si nos tirarnos piedra entre nosotros lo único que hacemos es alejemos de la paz. Lo que vimos en los últimos 15 años es una tragedia de unas dimensiones en las cuales se presentaba una paradoja: mientras más democracia había, más amenazas ésta tenía, porque más crecían los grupos que la querían destruir.
Hoy se ha logrado invertir ese camino, pero lo irónico es que todavía estamos lejos de lograr que esta democracia sea totalmente verdadera. Pero los avances positivos están dados, como la constitución del Polo Democrático en una alternativa política de izquierda democrática muy seria, y esos casos nos tienen que permitir continuar ese camino, cerrar los espacios a los violentos y buscar los mecanismo de reconciliación con los grupos que hoy están por fuera de la legalidad.
Quiero finalmente terminar con dos cosas. Primero el proceso de paz con el Eln.
Yo soy optimista por varias razones: una porque el Eln siempre ha tenido los pies en la tierra, siempre escuchó a las comunidades. El Eln a diferencia de las FARC, que es un ejército que atropella, fue una organización política que tenía un brazo armado, por lo tanto estaba en contacto con sus ciudadanos, con sus realidades de una manera mucho más efectiva. La segunda, porque no se permearon por el narcotráfico y eso es fundamental. No dejaron que sus principios morales, éticos y religiosos se socavaran por ese terrible fenómeno que es la droga.
Soy también optimista porque el Eln es sensible al mundo, entiende lo que pasa en América Latina, en Colombia y entiende que el éxito de Lucho, de Angelino y de Sergio son las posibilidades de poder y de cambio que hoy están mucho más abiertas, directas y posibles que hace 5 o 10 años.
Soy plenamente optimista aunque entiendo que ahora, en medio de esta campaña, no se vaya a mover con la celeridad que quisiéramos todos. Pero lo que le escuché a Antonio García, por su tono y sus declaraciones, creo que se va a dar definitivamente un proceso de paz, pero sobre todo porque la historia del Eln es una historia que ha estado atada a la verdadera realidad de Colombia. Ellos más que nadie están entendiendo que este es el momento, el momento de la paz y hoy en este evento quiero hacer un llamado a esta organización para decirles que estamos listos para recibirlos con los brazos abiertos para garantizarles el éxito en el proceso de reinserción civil, de reinserción política y económica, para que ayuden a construir una izquierda democrática que hoy se está convirtiendo en una alternativa de poder.
Vivimos en un país en conflicto pero también vivimos en un país que ya está viviendo el post conflicto. Yo veo luz al final del túnel, yo veo con el tiempo el silencio de los fusiles y veo sobre todo un país en paz. Sin embargo, todo ello depende de nosotros, de que construyamos el proceso colombiano con las Autodefensas, de que construyamos entre todos el proceso con el Eln, y de que ayudemos en un futuro a construir un proceso con las Farc.
De todos depende que nos evitemos más muertos y que ese camino y ese país que estamos viendo resurgir se consolide para siempre y nos permita a todos vivir en esa Colombia tranquila y en paz que todos deseamos. Muchas gracias. |