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ELECCIONES QUE BENEFICIEN A LA GENTE

Intervención del señor Vicepresidente de la República doctor Francisco Santos Calderón, en la instalación del III Seminario internacional sobre campañas electorales, organizado por la UPLA

Bogotá, enero 24 de 2003

Analizar resultados, lecciones, experiencias de procesos electorales recientes en Latinoamérica y otros lugares del mundo. Difícil pensar en un ejercicio más interesante en este mundo en ebullición en el que nos correspondió vivir. El mundo de la globalización de la economía y también de las amenazas. De grandes avances y de profundos cambios, que provocan incesantemente tormentas y revoluciones políticas en todos los continentes.

Las actuales generaciones hablamos de derecha y de izquierda, esos grandes referentes de la mayor parte del siglo XX, como de abuelas traviesas cuya influencia dominante pasó a la historia. porque cada vez disminuye más la segmentación de la sociedad desde el punto de vista de las clases sociales y de la defensa de sus intereses.

Existe en el mundo de hoy una evidente crisis de representatividad en medio de la cual ni los partidos ni los políticos pueden afirmar categóricamente a quién representan. Los medios de comunicación y muy especialmente la televisión, fomentan y consagran corrientes de opinión que superan la convocatoria de las desgastadas maquinarias partidistas. Vamos de una democracia representativa hacia una democracia de opinión, que tiene un contenido menos estructural. Nuestra elección el año anterior, constituye un claro ejemplo de ello en la Colombia de hoy.

Nunca en la historia reciente de nuestro país un candidato disidente se había impuesto sobre la estructura del partido, en una elección presidencial. Voces autorizadas realizarán en este evento el análisis detallado de ese fenómeno. Yo sólo me limitaré a concluir que sus contenidos profundos se relacionan con la aversión, desconfianza y rechazo de los sectores sociales por los políticos tradicionales y por sus discursos.

Aquí tuvimos un verdadero cambio democrático. La renovación de la dirigencia, el cambio de las reglas de juego, la apertura hacia nuevas opciones, el paso hacia nuevos liderazgos, que no entendieron ni acometieron los representantes de la antigua clase, fueron hechos por el pueblo en las urnas.

Este tipo de ruptura con lo tradicional presenta un espectacular balance de resultados y transformaciones en las últimas alcaldía de Bogotá, que lograron erradicar la inercia perniciosa y los vicios que obstaculizaron durante décadas el progreso. Y que cambiaron tan profunda y positivamente la calidad vida de los bogotanos, el aspecto y el conjunto de bienes y servicios de la ciudad. Yo creo que en la Presidencia de la República se inició con la elección de Álvaro Uribe un proceso de esa naturaleza aunque por supuesto de mayores dimensiones.

Los colombianos expresaron también un no categórico a las extremas. Nuestra política entró en la tendencia mundial del crecimiento del centro político causa directa por lo demás de la ya mencionada crisis de representación. Veo en nuestro país un gran mandato de renovación que reclama democratizar las organizaciones políticas, poner fin a los abusos de poder, a la impunidad institucionalizada, a la corrupción, a la economía de compinches y a la dilapidación de los recursos públicos.

Esa fobia y desconfianza ciudadana hacia la política tradicional y en general el desprestigio de tantos profesionales de la política, tienen mucho que ver con la escasa veracidad de su discurso, con el efectismo y la demagogia tan lejanos de la realidad, con una impostergable tradición de promesas incumplidas...

Desde la academia se confirma que la propensión de voto se consolida con base en las acciones políticas de los gobiernos y de los partidos durante los períodos comprendidos entre las elecciones, agregados a las singularidades del momento y del entorno.

Personalmente creo que la política que le conviene y la que le sirve a Latinoamérica y a Colombia, es la que tenga una sólida relación con la vida cotidiana de las personas. Una política que quiera constituir un gran vínculo de comunicación entre el gobierno y la población y se consagre a solucionar los problemas sociales, económicos, políticos: el empleo, la seguridad, el buen funcionamiento del Estado, el imperio de la justicia, el respeto por los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación.

El Presidente Álvaro Uribe entregó en su Manifiesto Democrático una carta de navegación para Colombia expresada en acciones constatables por los ciudadanos, orientadas a producir beneficios inmediatos, en temas importantes y concretos.

La misión del Gobierno es concertar y lograr desde el Estado la solución de los problemas esenciales de la población, con base en diagnósticos profundos y en programas de acción audaces y transparentes.

En este primer semestre sentamos bases claras del Gobierno en seguridad y con el concurso del Congreso entregamos a los colombianos reformas sustanciales del Estado. ¡Sin un puesto! A punta de discurso, popularidad y convencimiento del Presidente.

Este que comienza será el año del ajuste y será duro. Pero también debe ser el de la reactivación social.

Para consolidar estos avances resulta vital el referendo que sin duda corresponde a ese tipo de elecciones que benefician a la gente.

El referendo tiene un profundo contenido social. Acaba con los micropartidos y con la operación avispa. Aporta un avance muy importante para el ajuste fiscal lo cual beneficia la economía de la mayor parte de los hogares colombianos.

Es impulsar al país democráticamente. Por ejemplo, es un ejercicio profundamente democrático preguntarle al ciudadano si quiere que se congelen los sueldos de los funcionarios públicos, o que se acaben ciertos privilegios en esta Colombia con más de 9 millones de ciudadanos por debajo de los límites de pobreza, en la cual un porcentaje ínfimo de la población se llevan 70% del presupuesto de todas las pensiones del Estado. Con el referendo no se pagarán pensiones de más de 25 salarios mínimos. Por eso no me sorprende que los sindicatos promuevan la abstención. A quién defienden, ¿al pobre trabajador, con pensiones de uno o dos salarios mínimos?

El que vamos a tener los colombianos es un referendo donde se votarán políticas públicas importantes. No se trata de apoyar ni condenar a un candidato sino de alcanzar colectivamente unas transformaciones. Ahí radica la importancia de que la gente vote.

En un país que ha tenido unos promedios históricos de abstención superiores a 7 millones de votos es fácil entender los contenidos y las intenciones de quienes se precipitan a apoderarse de las banderas de la abstención. Pero por encima de estas minucias hay que considerar que en política la poca participación de la población deja amplios espacios de acción a quienes se aferran a los privilegios, a los que quieren que todo siga igual para consolidar sus intereses. La abstención facilita la corrupción y el desorden. Mientras menos participe la gente en las elecciones para defender sus intereses, más crecen las posibilidades de quienes sólo luchan por sus ganancias personales y por intereses minoritarios.

Celebro que una organización tan respetable como la UPLA realice este importante seminario en nuestro país. En nombre del Gobierno doy la bienvenida a los huéspedes extranjeros que nos honran con su presencia. Y les auguro los mayores éxitos en el ejercicio intelectual que hoy inician.

Los invito a todos a creer en Colombia. Nuestra administración se consagra sin descanso a lograr lo que para tantos y durante tanto tiempo parecía imposible. Los importantes avances en materia de seguridad, las caravanas que produjeron la reactivación del turismo, el inicio en firme de la meritocracia, el decidido impulso a la política social, la mano siempre tendida a la negociación y al entendimiento, el testimonio mismo de un gobierno consagrado en serio a trabajar, trabajar, trabajar, constituyen todos, avances colectivos que podemos y debemos consolidar.

El que nos ha señalado el Presidente Uribe a los colombianos es el camino hacia un Estado Comunitario.

Un Estado participativo que involucre a la ciudadanía en la consecución de los fines sociales.

Un Estado gerencial que invierta con eficiencia y austeridad los recursos públicos.

Un Estado descentralizado que privilegie la autonomía regional con transparencia, responsabilidad política y participación comunitaria.

Un Estado Comunitario que no tolera la corrupción, ni coexista con la violencia cualquiera sea su fin o su discurso.

Un Estado que realice inversión social con resultados y promueva la solidaridad en las decisiones públicas y privadas.

Un Estado que impulsa la creación de un país de propietarios donde todos se sientan dueños y responsables de un activo y un destino. Que busca que la inversión pública conduzca a la generación de empleo productivo. Y que trabaja para eliminar la burocracia y la politiquería.

Nuestros grandes objetivos son brindar seguridad democrática, impulsar el crecimiento económico sostenible y la generación de empleo, construir equidad social, e incrementar la transparencia y eficiencia del Estado.

Ganamos en el 2002 unas elecciones cuya utilidad principal está orientada a beneficiar a la gente. Ese es el mandato que recibimos de los colombianos. Y no los vamos a defraudar.

   

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