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RECONCILIACIÓN EL INGREDIENTE CLAVE DE LA PAZ

Palabras del señor Vicepresidente de la República, doctor Francisco Santos Calderón, en la instalación del simposio internacional "Justicia restaurativa y procesos de construcción de paz".

Cali, febrero 10 de 2005

Este evento pone al Valle del Cauca a la vanguardia en lo que a Justicia Restaurativa se refiere. No en vano se hace aquí. Y esperamos que los proyectos en marcha, entre ellos el que se lleva a cabo en Aguablanca, se profundicen en esta y en otras ciudades del departamento.

Proyectos que se han hecho gracias al apoyo de la USAID.

Así mismo, este evento llega en un momento crucial de la Historia, con H mayúscula, de nuestra República. Es un momento en que estamos ad portas de discutir, como sociedad, el proyecto antes de Alternatividad, después de Justicia y Reparación y ahora de Justicia y Paz. Proyecto que va ser discutido en el foro esencial de la democracia: el Congreso. Esperamos que lo que aquí se discuta sea un insumo muy importante, que alimente la discusión de ese proyecto que tiene la obligación - en la cual el Gobierno tiene gran parte de responsabilidad - de que sea un gran diálogo nacional que genere consensos al respecto.

Antes de hablar quiero hacer unas salvedades a las palabras que voy a decir. Lo primero es que las palabras que ustedes escucharán, son producto de una víctima de la violencia en carne propia, después del secuestro. Y de una victima en lo que a la familia se refiere, después de la muerte de mi cuñado en el avión de Avianca derribado por las organizaciones del narcotráfico cerca de Bogotá en el año 1989. Hablo como victima. Como una víctima que a partir de eso se dedicó al trabajo para la protección de ellas. Obviamente, no me hago ilusiones a que el cargo que hoy ocupo no genere resonancia sobre estas palabras. Pero espero, y ojalá los medios de comunicación - en especial esos a los que sólo les interesa los titulares - entiendan que estoy hablando en calidad de víctima y en calidad de colombiano que ha trabajado en estos temas.

Estas palabras no son las palabras oficiales del Gobierno colombiano. No representan la voz oficial del Gobierno. Lamento desilusionarlos, pero son las palabras de Francisco Santos Calderon. Entiendo que por el cargo no pasan desapercibidas, pero entiendan a si mismo que salen del alma y salen del corazón.

Así mismo quiero hacer un mea culpa, por que yo personalmente he contribuido a la situación en la que se encuentra la discusión sobre Verdad, Justicia y Reparación. Es una situación, y es triste decirlo, más producto de la imposición de minorías políticas, sociales, y no gubernamentales externas e internas, que producto de un gran diálogo nacional que lleve a consensos que generen resultados positivos.

Estas palabras, además, son producto de un diálogo interno, del alma, que empezó hace año y medio en la Universidad Libre de Bruselas, donde con una gran amiga de Colombia Ann Vranx hicimos el primer estudio del primer proyecto de Verdad, Justicia y Reparación frente a los expertos internacionales más conocidos y respetados del mundo en este tema. Proyecto que incluso con todos los vicios y todos los problemas, ellos dijeron que era terriblemente innovador. Me acuerdo, sin embargo, de dos cosas en esa discusión: primero, de las recomendaciones de esos expertos, que desafortunadamente no acogimos. La primera, era que preguntaban: ¿dónde está el tema de la reconciliación en el proyecto? ¿Por qué no aparece el tema de la reconciliación? La verdad, la justicia y la reparación deben ser subyacentes al tema de la reconciliación. Y segundo, no dejen meter a la comunidad internacional en esa discusión porque van a imponerles su visión euro céntrica, su visión absolutista de los derechos humanos y eso va a evitar que los colombianos resuelvan un problema que es colombiano.

Ninguna, desafortunadamente, ninguna de esas experiencias que recogieron estos expertos en Justicia Transicional, en Justicia Restaurativa, en Alternatividad Penal, fueron acogidas y por eso estamos como estamos.

Este diálogo interno, después de mascarlo, de noches en vela, de preocupaciones, tiene un final muy interesante, que es el que me lleva a hacer las reflexiones que voy a hacer. Fue le fin de semana antepasado, con el padre Llano, en mi finca, donde tuvimos dos días de discusión sobre el perdón. No el perdón nacional, sino el perdón entre hermanos, entre padres e hijos. Eso cerró el círculo. Era la pieza que faltaba para poder decirles estas palabras que ahora les voy a decir.

Con esas salvedades, que espero hayan despertado la curiosidad de todos ustedes, quiero plantear unos temas para la discusión de Verdad, Justicia, Reparación y Paz que tenemos hoy como sociedad.

¿En dónde estamos?. Lo más grave de esta discusión es que nos ha dividido más de lo que nos ha unido. Viendo ayer un noticiero, el Senador Rafael Pardo decía que deben ser nueve magistrados, doce años. El Gobierno dice que debe ser tres, cuatro años. Algo absolutamente insignificante frente a lo que estamos hablando. Que debe ser entre cinco y diez años la pena. Que no, que 20, dice Piedad Córdoba; o que dos quintas partes. Insignificantes frente a lo que estamos hablando.

Sé que suena duro pero la discusión ha sido más producto de vanidades políticas, de odios políticos, de sed de venganza, que de la búsqueda del bien común a largo plazo. Los intereses del aquí y el ahora no nos han dejado ver la importancia de lo que estamos discutiendo, para armarnos una película a largo plazo. Ya vemos hoy cómo las Autodefensas están armando su campaña política del 2006. Que la parlamentaria tal va a ser senadora después. Ya vemos que el aquí y el ahora es lo que están pensando. Ya vemos que los distintos proyectos que se radican en el Congreso son para obtener réditos políticos a corto plazo de grupos o de personas sin pensar en lo grande, que es la sociedad colombiana.

Sabemos que hasta el mismo Gobierno ha aceptado esa imposición y esa presión internacional, porque vivimos en el mundo de realidades. Ya vemos que las ONGs nacionales e internacionales se han aliado y trabajan de una manera para que el día antes de una reunión aparezcan un editorial en el New York Times y un mensaje de unos senadores americanos para que su idea, su visión, su percepción de lo que debe ser un proceso de paz con las Autodefensas, se imponga.

Ya vemos así mismo que el "lobby" de los organismos multilaterales de Derechos Humanos, va en la misma dirección.

La discusión, no nos digamos mentiras, ha sido hipócrita. Entre otras porque en voz baja y no tan baja, muchos de los que hoy presentan esos proyectos lo han dicho: este proyecto es solo para los paramilitares, para la guerrilla tiene que ser otro. Por lo menos en eso la senadora Piedad Córdoba es honesta y dice esto es para los "paras" y para la guerrilla hay que hacer otro. Que los paras se pudran en la cárcel. Por lo menos hay ese grado de honestidad. Porque lo otro ha sido una discusión tremendamente hipócrita. Nuevamente se impone el aquí y el ahora.

Claro, no todo ha sido malo. La sociedad hoy se ha apropiado de conceptos nuevos. La discusión pública ha sido abierta y franca. Hoy, Justicia Verdad y Reparación, son tres conceptos que están diseminados por la sociedad, cuando hace tres años sólo una minoría de la minoría hablaba de eso. Claro, hay proyectos de ley, innumerables, con dosis importantes de Verdad, Justicia y Reparación, cosa que en procesos anteriores no se dio. O si se dio, pero en dosis homeopáticas. Hay avances significativos que no son reconocidos. El señor Mancuso y el señor Baez le pidieron perdón a este país, cuando este país ha sido una prostituta para entregar perdones sin que a quien se lo entregamos, lo pida. Y es que el perdón se tiene que entregar a quien se lo merece. Por lo menos ahí se dio un paso. Pidieron perdón público. Vuelvo a mis experiencias personales para ilustrar este caso. Leyendo un libro, hermosísimo por cierto, de mi amiga Vera Grave, un libro que es de reconciliación de ella con su hija a quien abandonó por irse a la guerrilla, un libro que cuando yo leía pensaba, esta mujer frágil, que alguna vez empuñó un arma, yo por qué en un momento dado pensé que tenía cachos y cola, me dejó una sola espinita: que jamás, en todo el libro, dijo una sola palabra: perdón, me equivoque, en lo que sea.

Los paramilitares ya anunciaron la entrega de bienes: seis mil hectáreas. Si, faltan 994 mil hectáreas para que entreguen, pero ya se comprometieron a seis mil y a otras cuatro mil en Córdoba. Y sin embargo, eso pasa desapercibido. Un paso adelante, un pequeño pasito. Una persona de izquierda me tuvo incluso que decir a mi, oiga usted vio lo importante qué es eso, que por primera vez se habla de esto.

Claro, las Autodefensas tienen que dejarse ayudar también. Porque es que cuando uno va a hacer un acto de contrición no puede seguir cometiendo las barbaridades que ellos han seguido cometiendo. Y en eso ellos tienen rabo de paja y tenemos que reconocerlo.

El proyecto actual, los proyectos, son de sometimiento. No nos digamos mentiras. Están disfrazados en la Verdad, justicia y Reparación. Su principal defecto, nuevamente producto del aquí y el ahora, es que no hablan de reconciliación por ningún lado. ¿Dónde está la reconciliación del campesino de Córdoba con el Mancuso que le mató la familia? ¿O el del Magdalena Medio? ¿O del ideólogo de alguna ONG que fue asesinado por ellos? No, no aparece. Se habla de paz, pero ¿de qué paz estamos halando?

Un proyecto de reconciliación abriría las compuertas a una negociación efectiva. Entre otras cosas porque reconciliar es conciliar de nuevo lo que se ha roto, lo que se ha des-conciliado. Es reconocer al otro el porqué se des-concilió, y cómo lo reparamos. Un proyecto de reconciliación nos saca del debate técnico jurídico: que dos quintas partes de la pena, que la mitad de la pena, que suspensión de la pena. Nos saca de un debate que no nos lleva a nada. Y produce un efecto que nos debe llevar a soluciones mucho más amplias. Nos traslada del debate de lo jurídico al debate de lo moral. Un tribunal de Verdad, Justicia y Reparación es de magistrados: un tribunal de reconciliación es de ciudadanos que están dispuestos a asumir esa responsabilidad; esa autoridad moral que el obispo Tutu en algún momento dado demostró y que fue fundamental para lograr la reconciliación en Sudáfrica.

Un tribunal de reconciliación presidido por personas, como el padre Horacio Arango, que lo vi y le dije que lo iba a mencionar. Como el mismo padre Llano. El padre Francisco de Roux, William Ospina, ciudadanos que están pensando en este país. Y hay tantos otros: Nicanor Restrepo, Jaime Jaramillo Panesso, Antanas Mockus, Lucho Garzón, Angelino Garzón, que sí, están en otras cosas, pero que en un momento dado, frente a un tema como estos, para dejar un futuro distinto, asumieran esta responsabilidad. Ese sería un tribunal, que no nos quepa la menor duda a ninguno de nosotros, sería mucho más productivo en la generación de esa reconciliación con Verdad, con Justicia y con Reparación.

Una ley de reconciliación nos saca de otro problemita. El tema de la confesión. Quién de ustedes acá, se imagina al señor Tirofijo, al señor Gabino, al señor Mancuso, al señor Macaco, sentados frente a un Fiscal y su máquina de escribir diciéndole: "¿preguntado, diga usted quién…?" Hombre, por favor, seamos sensatos. Pero un tribunal de reconciliación si nos lleva a una confesión mucho más profunda que es la confesión moral, que es la confesión histórica, que es la confesión psicológica. Porque finalmente, cuando vemos la historia de la mayoría de estos personajes, ellos también en algún momento dado fueron victimas.

A nosotros se nos olvidan los orígenes de las FARC, que como bien lo dijo Angelino, fueron los liberales los que los armaron y después los dejaron botados. Y fueron los conservadores los que los desplazaron. ¿O de dónde viene Mancuso?. A la quinta vez que se le metieron a la finca se encendió a plomo con ellos. Y le toco irse para la guerra. Todos ellos, o la mayoría de ellos, y no es sino hablar con los reinsertados, son victimas de violencia intrafamiliar y el Estado jamás les dio la mano para resolver ese problema.

Un tribunal de reconciliación también nos saca de ese maldito debate de los 10 años, los 5 años, de las dos quintas partes, que es totalmente absurdo. Cada vez que lo veo me produce más ira. Entre otras cosas porque la pena también es relativa. A cualquiera de ellos que lo condenen a 5 años, después de entregar tierras, restaurar y todo eso, y a otro que lo condenen a 10 sin haber hecho nada de eso, me parece mucho para el de cinco y muy poco para el de diez. Ahí estamos entrando a una relativización. Con una confesión de un tribunal de estos, que las genere, no así con el "preguntado", sino diciéndole "Venga señor Mancuso y cuéntenos su vida, y cuéntenos como se metió. Y después, bueno, de que el señor cuente su historia, se cruza con la de las víctimas las de las ONG's y listo"

Un tribunal de esos se arma la película con mucha mayor facilidad que una supuesta verdad judicial. Y es capaz de tomar decisiones mucho más sensatas que lleven a la reconciliación y no que lleven al linchamiento público. Un tribunal de esos le da solución al problema, en serio y de fondo. Y usted con una confesión, con la versión de las víctimas contrastadas, con las OnG´s le da elementos para decidir cuál es su pena.

Les voy a plantear un caso. Al señor Adolfo Paz: usted metió coca a Estados Unidos, toda, entonces vamos a hacer con usted varias cosas. Está condenado a 40 años, por todas las cosas que hizo. Pero si, primero nos ayuda a encontrar todos los desaparecidos que produjo; segundo, nos monta 100 centros para la lucha contra la adicción y los financia durante los próximos 30 años; tercero, usted se convierte en el apóstol contra las drogas a través de campañas publicitarias; cuarto, usted se robó esta tierrita y tiene que devolverla; quinto, si usted quiere hacer política venga y miramos todas esas condiciones para que no sea política a través de la intimidación, del chantaje o de la presión; sexto, usted va a tener que desbaratar todo su aparato y; séptimo; todos los años va a tener que venir acá a rendirnos cuentas de qué es lo que está haciendo por que aquí nos van a seguir llegando quejas y tenemos que solucionarlas.

Eso es más efectivo que un proceso judicial que de pronto, sí, tiene más presentación internacional, pero menos efectividad en la realidad nacional. No me cabe la menor duda.

Esto es apenas un borrador muy desordenado de ideas que no me hago la menor ilusión que de pronto se vuelvan realidad. Aquí los espíritus están demasiado encendidos, aquí la batalla política ya se está librando. La batalla del aquí y del ahora, del "yo cabalgo" sobre su impunidad, o sobre su impopularidad, o de su popularidad, por que yo lo que quiero es destruirlo a usted, no me importa lo que le pase al resto de la sociedad. Esas espadas ya están fuera. Desafortunadamente los intereses individuales y colectivos, tremendamente mezquinos, ya son los que están sobre la mesa. Y no se si está corta exposición sobre reconciliación lleve a que, de pronto, hagamos un alto en el camino y pensemos en cómo hacemos esto mejor.

No me sorprendería, por que a veces aquí ser franco genera marcartización, que salga de acá y me pase lo que me pasó en Bruselas. Adentro discutíamos sobre esto, y cuando salíamos a tomarnos un café, había cinco o seis muchachos gritándome "paramilitar, genocida, hp, de todo" Es que aquí el epíteto y ese tipo de violencia es productiva y genera algo. A mi no me genera nada, pero a otros si. Yo simplemente esperaría a que estas palabras que me salieron del alma, que no representan, repito, la voz oficial del Gobierno, aquí está el doctor Sabas Pretelt Ministro del Interior y de Justicia para eso, que ha manejado el proyecto.

Lo que simplemente pretendo es que la discusión que arranca hoy sea provocadora y que ojalá lleve a que entendamos que todo proyecto sin un fin de reconciliación no conduce a nada.

Muchas gracias.

 

   

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