UNA PRENSA QUE CONSTRUYA CIUDADANÍA
Palabras del señor Vicepresidente de al República doctor Francisco Santos Calderón en la ceremonia de entrega del Premio nacional de periodismo Simón Bolívar
Bogotá, octubre 26 2004
El pasado domingo destruimos las últimas 6.817 minas antipersona almacenadas por nuestras FFMM en cumplimiento de la Convención de Ottawa.
Las minas antipersona son una de la principales causas de mortalidad y la principal de heridas y mutilaciones tanto de militares como de civiles en nuestro país. Lesionan cada día a por lo menos 2 colombianos y matan 2 cada mes, pese a lo cual, la mayoría de los colombianos aún no conocen las proporciones ni las realidades de la crisis que representan para nuestra sociedad.
Con motivo del evento del pasado domingo los medios se interesaron en el tema. Y gracias a ello, en forma rápida y eficiente, nuestra población recibió durante dos o tres días más información acerca del problema de las minas, que en varios de los años anteriores, lo cual fue perceptible inmediatamente para nosotros, por la avalancha de solicitudes y de consultas de ciudadanos en las entidades relacionadas con el tema.
El problema es que hace falta un evento de la importancia periodística que tuvo el del domingo para que los periodistas y los medios se interesen en el tema, lo cual es comprensible pero no aceptable en un país tan convulsionado como el nuestro, en donde la solución de buena parte de la crisis comienza porque la gente conozca y comprenda su propia realidad, tarea que nadie puede realizar mejor que los medios.
Esta experiencia contiene en mi parecer la esencia de lo positivo y también de lo que falta en las relaciones y en la agenda del Estado con los medios en la Colombia de hoy.
Nadie discute en el mundo de hoy la fortaleza y capacidad de los medios para conformar ciudadanía comunicativa que es ese tipo de ciudadanía que se basa en el ejercicio pleno del derecho a la información que tiene todo ser humano, que consiste en recibir información, opinión y propaganda como cantera e insumo para formar conocimiento y desarrollar la capacidad de emitir opiniones fundamentadas sobre los temas, debatir públicamente opciones y posiciones, participar en espacios públicos y en el control social de todas las formas de poder.
Por eso hoy quiero invitarlos a reflexionar acerca de si estamos siendo capaces de comunicar eficiente y responsablemente a nuestro pueblo, las claves de nuestra propia realidad.
Ustedes saben, por ejemplo, que estamos padeciendo durante los últimos 10 años, promedios superiores a los 20 mil homicidios por año, de los cuales los enfrentamientos de la Fuerza Pública con los grupos armados ilegales suelen representar apenas entre 12 o 15%. ¿Conoce ese dato fundamental para entender la realidad colombiana, un ciudadano del común?
El conocimiento de los grandes temas de DDHH y de DIH -atropellos contra la población, niños en la guerra, desplazamiento, violencia contra la mujer- sigue limitado a los pequeñísimos grupos de interesados y al más pequeño aún de los expertos. Y eso tiene grandes costos sociales.
Otro buen ejemplo puede ser el llamado canje humanitario mediante el cual las FARC pretenden colocar en pie de igualdad a un grupo de ciudadanos que fueron arrebatados en forma arbitraria y violenta del seno de sus hogares, con hombres armados apresados legítimamente por la fuerza pública y por el aparato judicial como autores de delitos contemplados en los códigos. Nadie como los medios podría colocar la luz sobre los miles de ciudadanos secuestrados durante los últimos años por las FARC que no figuran en el canje. Nadie como los medios podría informar y denunciar los atropellos de que han sido víctimas sus familias algunas de las cuales han tenido que pagar varias veces los rescates sin que les hayan devuelto a sus familiares.
La corrupción campea en Colombia. Muy especialmente en las regiones. Con los miles de millones transferidos desde 1992 hasta hoy la cobertura y la calidad de educación, la salud y el saneamiento ambiental deberían ser mucho mejores de lo que son. Pero los corruptos se han robado un porcentaje muy alto de los recursos con una facilidad que resultaría imposible si los medios de comunicación locales tuvieran su ojo avisor en forma permanente sobre los procesos y sus protagonistas.
Nadie como los medios para auscultar, indagar, ayudar a entender, vigilar, animar el control social, lo cual en la Colombia de hoy extiende una agenda de grandes proporciones que incluye la lucha contra la corrupción, la economía, las entidades estatales, el sector privado, los derechos humanos, la crisis social, el narcotráfico y sus fenómenos asociados.
Los últimos años han sido especialmente interesantes para el periodismo. La primera gran piedra en el estanque vino con los atentados de septiembre de 2001 en Estados Unidos. No terminábamos de digerir y analizar lo que representaron para la información cuando llegó la avalancha de debates asociados a la guerra de Irak y a otros temas muy importantes como los sucesos del 11 de marzo en Madrid que desataron debates y controversias, análisis y mea culpas al interior de los medios masivos sobre si estuvieron a la altura de las circunstancias, si frente a hechos de de tantas repercusiones fueron cómplices, víctimas, buenos o malos periodistas y particularmente si realizaron bien su labor de verificar y equilibrar el ejercicio del poder que requiere la democracia o si hubo subordinación a la opinión oficial especialmente por medios tradicionalmente independientes.
Es un debate para nosotros futurista porque nuestra democracia no tiene ni remotamente la presencia ni el influjo de los enormes aparatos de propaganda que se hicieron más visibles que nunca en estas últimas coyunturas en los grandes centros del poder mundial.
Nuestros medios están al día en tecnología. Su gran reto sigue siendo lograr que lo estén también, en solvencia profesional, conocimiento, capacidad de análisis y sentido crítico los hombres y mujeres que trabajan la información.
En una ceremonia como esta hace dos años hacía un reconocimiento que hoy reitero ante ustedes del valor y patriotismo de que dan testimonio tantos periodistas en el ejercicio de su profesión, en medio de las enormes amenazas que representa la tarea de informar en Colombia.
Tantos periodistas tan injustamente sacrificados nos ilustran más que nadie que este oficio que tanto amamos perdería su sentido si no auscultara los laberintos tantas veces sórdidos del poder, sin la denuncia del terror y de sus fuentes, y sin volcar el poder de la comunicación hacia formar una ciudadanía moderna, conciente de sus derechos irrenunciables y de la posibilidad de definir y luchar por esos derechos.
Es mucho lo que los medios de comunicación pueden hacer en la constitución de la ciudadanía, a partir de lograr para la gente del común una percepción más amplia y ambiciosa, más completa y profunda de la realidad, acompañada de procesos de análisis que estimulen la autonomía social, política, económica y cultural de nuestra gente para que más colombianos sean capaces de gestionar, construir y asumir su propio destino, sobre la base del desarrollo de sus condiciones de vida.
La información es fundamental para conocer y comprender la realidad actual y ese gran ejercicio del criterio que consiste en definitiva la selección que hacen los medios día a día de lo que se publica y de lo que no se publica, no siempre coincide con las aspiraciones, necesidades, exigencias y expectativas de los ciudadanos.
La que les estoy planteando es la propuesta a trascender hacia una nueva información que con plena conciencia agregue a los objetivos tradicionales el de construir una visión y un sentido particular de desarrollo, de futuro, de destino común, de patria y de mundo para Colombia. Una información que contribuya al crecimiento educativo y cultural de los colombianos y que sea cada vez más vital y necesaria en el proceso de toma de decisiones. Una información que estimule el control social y la deliberación pública y que no se limite como ocurre tan a menudo a privilegiar lo más sorprendente y en este mundo de los realities a mostrar a toda costa.
La educación en la ciudadanía es una educación en valores morales cívicos: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, diálogo.
El periodismo y muy especialmente los periodistas no podemos perder de vista que junto con lo civil y lo político, la información configura las sociedades democráticas y que es a través del acceso a los mensajes de los medios como los sujetos pueden dejar de ser objetos sometidos al poder para convertirse en sujetos y titulares de poder.
En otras palabras no podemos perder de vista la capacidad del periodismo y de la información para impulsar la formación de ciudadanos activos, críticos y participativos. Para sacar a la gente de su pasividad hasta que sea idónea para la propuesta y la construcción de soluciones.
Felicito a los nominados y galardonados con el Premio Simón Bolívar por estas distinciones. Y también a Seguros Bolívar por mantener y mejorar año tras año este estímulo fundamental para la evolución y perfeccionamiento permanente de nuestros medios y de la tarea de nuestros periodistas. Que como he querido expresarlo en estas breves palabras, es un avance indispensable, urgente y necesario para perfeccionar nuestra democracia y para el progreso de la mujer y del hombre colombianos.
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